Mostrando entradas con la etiqueta placeres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta placeres. Mostrar todas las entradas

6.7.10

Parrrrtiiidaaaa!

Aquí las vacaciones fueron declaradas el viernes pasado, pero J. sigue esperando mañana para ver si algún alumno se presenta al oral de filosofía.

Sin embargo ya empezamos con los preparativos... aunque yo haya estado preparandome para este viajed esde el primero de enero de 2010, porque fue ese día que compramos los pasajes para Venezuela, la recta final se acerca, y antes de eso muchos kilómetros habrá que recorrer. He aquí el itinerario.

Cannnes-Lyon-París-Böblingen-París-Madrid-Caracas-Maracaibo-Porlamar-París.

Namáááááááááááááássssssssssssss

Y de ahí en adelante que las cosas pasen como tengan que pasar.

4.7.10

Placeres compartidos.

Hay ciertas cosas que te hacen sonreir con tanta facilidad... hasta idiota me siento a veces. Hace poco envié mi primer gorrito a Estados Unidos para la bebé de una amiga del cole. Este fue el resultado en la hermosa modelo Victoria. Gracias a Carolyn (la mamá) por dejarme robar la foto. No es una cuchiturria!!?


Y luego recibo esta carta genial de parte la madre de la criatura anterior.... Me mueri en las escaleras delante del buzón. Gracias C. me encanto!




Y ahora que el verano llegó, no paramos de comer vegetales. Pero algo que me lleva al límite del éxtasis, que me encanta y que por ello pico ojos en el mercado para que me regalen unos gramitos más, son estos tomates cereza alargados. Más fácil, los tomates que comemos en Venezuela pero en versión chiquita. Son dulces, crujientes, jugosos, maravillosos, y además me producen un placer gastronómico sin muchas calorias. Ojalá pudiera hacerlos crecer en mi balcón el año que viene. Si alguien sabe como plantar tomates desde la semilla o la mata que me avise.



Y luego están las inconturnables (ojalá esa palabra exista en español) cerezas. Con un poco de suerte se compran unas más baratas que otras, pero igual de buenas. Las extranjeras son un poco mas gorditas y jugosas, pero yo me conformo con las francesas que si bien son más pequeñas, puedo comprar más, sentarme en cualquier rincón de la casa, de la ciudad (como la parada de buses ayer), de la playa y por inersia morder a la mitad, sacar la semilla, arrancar el rabito y terminar de comerla. Es una delicia, lástima que en Venezuela no se produzcan y que las importadas sean tan caras. Es un placer que hay que compartir.